15 Jul ¿Cuánto cuesta diseñar una etiqueta de vino?
Hoy me voy a venir arriba.
Vamos a hablar de precios. En concreto, de cuánto cuesta diseñar una etiqueta de vino.
Y sí, me voy a mojar. Voy a poner cifras y te voy a contar lo que cobramos en Veintemillas por el diseño de una etiqueta de vino, aunque si quieres saberlo, y sobre todo, entenderlo, tendrás que leer hasta el final.
Porque quizás a la gente del sector del vino le sorprenda, pero el tema de los precios es una cuestión en la que internamente, en el mundo del diseño, se debate y se discute.
Principalmente porque no existe una tarificación unificada, un colegio profesional que establezca unos mínimos ni una regulación equivalente a la que podemos encontrar en otros sectores.
Eso da como resultado un escenario terríblemente atípico, que resultaría absurdo en otros sectores, con un servicio con una pinza de precio que puede ir desde los 300€, a los 7.500€ para el diseño de una etiqueta de vino sencilla. Una horquilla enorme para encargos que, vistos desde fuera, pueden parecer exactamente lo mismo.
Y tú, oh lector, seguro que ahora mismo te estás clasificando en la cifra que pagaste por tu última etiqueta, revisando mentalmente si te pareció justo o que dónde estará ese estudio que cobra 300€ por una etiqueta.
En este caso voy a hablaros del proceso que seguimos en Veintemillas y que, con variaciones, comparte buena parte de los estudios especializados.
El primer paso: La elaboración del briefing
Una de las primeras cosas que distingue a un estudio profesional es la fase previa al diseño, y muchas veces es tan profesional como escrupulosa es la fase del Briefing.
Hay estudios que este briefing lo preparan a través de un cuestionario Online, una llamada telefónica o una reunión Online.
Sin embargo, desde mi experiencia, muchas veces el desarrollo de ciertos briefings a través de este sistema deja demasiadas cuestiones en el aire, sobre todo si el cliente no cuenta con experiencia en procesos de diseño.
Por ese motivo, en Veintemillas arrancamos siempre con una reunión en la bodega del cliente. Para mi es importante conocer el proyecto, la bodega y finalmente, conocer el vino que ocupará la botella.
A partir de ahí planteo una reunión con preguntas dirigidas:
¿Para quién será ese vino? ¿En qué canal se venderá? ¿Cuál es su competencia? ¿Estará amparado por una denominación de origen? ¿Formará parte de una gama? ¿Qué precio tendrá? ¿Qué volumen se producirá? ¿Qué imagen tiene actualmente la bodega y qué imagen quiere construir?
También necesitamos conocer algunos condicionantes técnicos: botella, medidas, sistema de etiquetado, mercado de destino, presupuesto de impresión o posibilidad de utilizar determinados acabados.
Es un paso importante que, cuando se salta o acelera, lo he comprobado en estos diez años, las cosas no salen tan bien…
Previo a este paso, es conveniente decirlo, está la aceptación del presupuesto y el abono inicial de entre el 30% y el 50%, pago que formaliza el inicio del proyecto.
Parte de la presentación durante la reunión de Briefing de un proyecto de diseño.
El segundo paso: reunión interna y dirección creativa
Después del briefing llega la reunión con el equipo de diseño.
Como segundo paso, viene la reunión con mi equipo de diseño, donde expongo el Briefing y traduzco las indicaciones del diseño a un lenguaje puramente visual. Tomamos referencias y arrancamos con la creación de un Mood-Board, que no es otra cosa que un enorme panel (a veces físico, a veces digital), donde exponemos referencias visuales que puedan servirnos como punto de partida e inspiración.
Estas referencias no responden casi nunca a otras etiquetas, sino otras referencias visuales, ilustraciones, cuadros, frases, etc…
También decidimos qué equipo necesita el proyecto. Valoramos si debe intervenir un ilustrador, si necesitamos una tipografía concreta, si conviene realizar una sesión fotográfica o si el diseño de la etiqueta de vino requiere algún recurso adicional que ayude a un mejor proyecto.
Si algo nos caracteriza en Veintemillas es que no buscamos imponer un estilo visual reconocible a todos nuestros proyectos. Hay estudios extraordinarios cuya autoría puede identificarse inmediatamente al mirar una etiqueta. Es una decisión completamente legítima, pero nosotros preferimos que el estilo lo determine la marca, el vino y el briefing.
Además, SIEMPRE, SIEMPRE procuramos que nuestros diseños de etiqueta de vino sean muy atemporales, para asegurar una durabilidad y retención en la memoria del consumidor muy alta.
La etiqueta debe hablar del cliente, no de nosotros.
Cuatro proyectos de diseño de etiquetas para vino realizados por el estudio
El tercer paso: desarrollo de las propuestas
Una vez definido el territorio visual y las personas implicadas, comienza lo que llamamos el “camino creativo”.
Según el proyecto, este camino puede arrancar con varias direcciones. En los primeros días el equipo de diseño desarrolla composiciones, tipografías, materiales, recursos gráficos e ideas que todavía se encuentran en un estado embrionario.
Después mantenemos una primera reunión interna. Ponemos en común y revisamos los avances, corregimos elementos, descartamos caminos y encauzamos aquellos que mejor responden al briefing.
A lo largo de las siguientes jornadas vamos depurando las propuestas. Algunas ideas desaparecen porque no representan adecuadamente el vino. Otras funcionan visualmente, pero no encajan con la estrategia comercial. Y otras parecen prometedoras hasta que se trasladan a una botella y dejan de funcionar.
Diseñar también consiste en descartar.
Al final del proceso seleccionamos una o dos propuestas de diseño válidas, las limpiamos, las proyectamos sobre una maqueta o mockup y preparamos una presentación que permita entender el concepto, no solo observar una imagen aislada.
Primeros bocetos para el desarrollo de la etiqueta Altos de Cascán realizado para Bodegas Tempore
El cuarto paso: presentación al cliente
Con la presentación preparada, vuelvo a reunirme con el cliente. Según el alcance y la localización del proyecto, podemos hacerlo presencialmente en la bodega o mediante una reunión Online.
Es importante presentar estas propuestas y no solamente enviarlas: Cada decisión debe responder a un motivo: por qué hemos elegido una determinada composición, qué relación existe entre el concepto y el vino, cómo funcionará la etiqueta dentro de una gama o qué percepción queremos generar en el consumidor.
A partir de ahí, el cliente escoge la dirección más adecuada y recojo los comentarios y cambios necesarios para terminar de encajar con la marca y con las preferencias del cliente.
Para mi es importante que el diseño de las etiquetas que presentemos cumpla una doble función: Que ayude a vender mejor es el primero por supuesto, pero también que guste a quién nos ha realizado el encargo. El motivo es simple: cuesta mucho más vender algo con lo que estéticamente no te sientes vinculado.
El presupuesto define un número determinado de rondas de correcciones. Si durante el proceso cambia la dirección del proyecto o aparecen necesidades no contempladas inicialmente, se revisa su alcance antes de continuar.
En esta presentación también introducimos las primeras propuestas de papeles, acabados y sistemas de impresión. Es el momento de confirmar el presupuesto de producción, conocer cómo se etiquetarán las botellas y comprobar qué recursos pueden utilizarse realmente.
El quinto paso: correcciones, contraetiqueta y aplicaciones
Con la dirección aprobada, volvemos al estudio para aplicar las correcciones finales y desarrollar el resto de elementos.
Aquí entran la contraetiqueta y, cuando el proyecto lo requiere, la cápsula, el corcho, la caja u otras aplicaciones contratadas dentro del proyecto.
Esta fase puede parecer menos creativa, pero es especialmente delicada. Hay que ordenar la información legal, respetar los tamaños mínimos exigidos, incorporar registros y menciones obligatorias y conseguir que todo ello conviva con el diseño.
También revisamos medidas, espaciados, tipografías, jerarquías y comportamiento sobre la botella real.
Una vez finalizado el conjunto, presentamos al cliente el aspecto definitivo para que pueda tramitar su aprobación con la denominación de origen o el organismo correspondiente.
El sexto paso: artes finales y envío a imprenta
Con el diseño aprobado llega la preparación de las artes finales.
En esta fase definimos técnicamente los papeles, tintas, barnices, relieves, estampaciones y demás acabados. Preparamos los archivos para que la imprenta pueda interpretar correctamente el diseño y producirlo con las garantías necesarias.
Es también el momento de comprobar troqueles, sangrados, separaciones de color y todos esos pequeños detalles que nadie ve cuando están bien resueltos, pero que pueden arruinar el resultado cuando no lo están.
Antes de enviar los archivos a imprenta, se factura el importe pendiente con el cliente y, cuando existen, se incorporan los costes adicionales previamente aceptados: ilustraciones, fotografías, licencias tipográficas, etc…
Adicionalmente, se pone a disposición de cada cliente, con un coste extra si queda muy lejos de nuestro estudio, la posibilidad de asistir a la imprenta el día de la impresión para verificar colores y ajustar, si es necesario algún elemento u otro.
Entonces, ¿cuánto cuesta diseñar una etiqueta de vino?
Ahora sí, que lo prometido es deuda… ¿qué os cobraremos en Veintemillas por el diseño de una etiqueta de vino?
Actualmente, nuestro coste para el diseño de una etiqueta individual suele situarse actualmente (a julio del 2026) alrededor de los 1.200€, dependiendo del alcance y las necesidades del proyecto puede ser algo menos, puede ser algo más.
No todos los proyectos cuestan lo mismo porque no todos necesitan lo mismo.
No requiere el mismo trabajo diseñar una etiqueta independiente que construir una gama completa. Tampoco es igual actualizar una referencia ya existente que crear una marca desde cero, definir su posicionamiento, desarrollar un naming o preparar su lanzamiento en varios mercados.
Ni es lo mismo, ni se asume la misma responsabilidad, al diseñar una etiqueta de vino de una bodega con 7 millones de botellas y una inserción en el mercado altísima, que diseñar una etiqueta menos estratégica para un Partner de Irlanda que necesita comercializar un vino con cierta agilidad y que cambiará en un año.
Aún con todo, en todos los proyectos os encontraréis con las fases que os hemos explicado:
- Briefing y dirección creativa;
- Investigación y búsqueda de referencias;
- desarrollo de propuestas;
- presentación de propuestas;
- correcciones acordadas;
- diseño de la etiqueta de vino frontal;
- desarrollo de la contraetiqueta;
- preparación de artes finales;
- asesoramiento en papeles y acabados;
- coordinación técnica con la imprenta.
¿Y tú? ¿Cuánto pagas por el diseño de una etiqueta de vino?
Con todo esto, quiero invitarte a la reflexión y sería genial si me contestaras con un email a esta pregunta… ¿Estás habituado a invertir en procesos de diseño? ¿qué cantidad?
