Estudio creativo dedicado a la consultoría estratégica de marca, el diseño, el Marketing y la comunicación, especializado en el sector del vino, la alimentación y la gastronomía.

Ruido y lucecitas

Lo del Xokas y Burger King, eh???

Vaya liadita.

Y os digo una cosa, frente a un cliente que insiste basándose solamente en métricas objetivas, alcances e interacciones, es complicado convencerle de que una colaboración así va a ser más perjudicial que positiva.

Hace un tiempo yo tenía un cliente. Un restaurante del que gestionábamos toda la parte de comunicación, Marketing… Lo típico. Un día me vienen los propietarios que han visto a “X» Foodie y le han contactado (sin consultarme). Pide una pasta por ir a comer, pero madre mía, “es que lo sigue mucha gente”

Con lo que cobraba les habría montado un plan estratégico de publicidad en Redes Sociales que habría triplicado el alcance: Microsegmentado, alcance local de público objetivo 100% (que es un restaurante, no una Tienda Online), habría afinado la targetización y habría habido un retorno palpable. Y sí, en marketing nadie acierta siempre, pero hay decisiones que ves venir desde lejos.

Pero claro, una cosa tiene muchas luces y hace ruiditos. 

La otra no.

Comunicado emitido por Burger King anunciando el abrupto final de su colaboración. ¿Error de estrategia? ¿Qué estrategia?

Conversamos sobre ello los dueños de dicho restaurante y yo. Les expliqué que no lo veía. Que la mayor parte de la audiencia de ese creador estaba fuera del radio de acción del restaurante. Que los locales que solía visitar poco tenían que ver con la identidad que llevábamos meses construyendo. Que aquella colaboración no reforzaba la marca; simplemente iba a generar un pico de atención y a los días, chao.
 
Dos días después me llamaron. Habían contratado al influencer.
 
Que apuntara el día porque tenía que estar allí para recibirle.
 
Llegó, comió, grabó, publicó el vídeo.
 
Miles de visualizaciones. Muchísimo alcance.
 
Un montón de ruido y lucecitas.
 
El dueño sacó pecho de la colaboración con los colegas que iban al restaurante. 
 
Desde las Redes Sociales propias mejoramos el volumen de visualizaciones, compartimos el contenido, Stories… Vamos, alargamos un REEL de un minuto como dos semanas. Ya sabéis de qué va…
 
Pasado un tiempo analizamos las métricas reales, las que importan: ¿Cuánta gente más entró a mi restaurante gracias a esa colaboración? ¿Cuántas reservas nuevas se realizaron tras la publicación del video?
 

Cero.

Una inversión de 4 cifras se tradujo a cero.

Y ojo. No fue culpa del Influencer.

Fue culpa de la falta de previsión, de la falta de foco, de no saber escuchar, de  tratar de mejorar algo desde un punto de vista solamente táctico, pero con cero estrategia detrás.

Algunos de nuestros casos de éxito vinculados con el sector gastronómico

El marketing de influencers no es una estrategia

 

Esta semana leí en un artículo de IPMark que sólo el 9% de las empresas del sector gastronómico incorpora a los creadores de contenido desde la fase de briefing.

Y creo que ese dato explica muchas cosas.

Porque el marketing de influencers sigue utilizándose, en demasiadas ocasiones, como una acción aislada. Se incorpora al final, cuando la campaña ya está definida, y se mide casi exclusivamente por el alcance, las reproducciones o los comentarios.

Pero un restaurante no vive de las visualizaciones. Vive de las reservas.

Y ahí está la diferencia entre hacer marketing y construir una marca.

Antes de preguntarse qué influencer puede hablar de un restaurante, quizá convenga hacerse otras preguntas mucho más importantes.

¿Por qué debería elegirte alguien frente al restaurante de al lado?

¿Qué hace que quiera volver?

¿Qué experiencia prometes?

¿Qué historia está comprando además de un plato?

Porque si esas respuestas no existen, ningún creador de contenido puede inventarlas en un vídeo de un minuto.

Y si existen, probablemente el influencer deje de ser el protagonista para convertirse simplemente en un amplificador de una marca que ya tiene algo que decir.

En Veintemillas siempre hemos defendido la misma idea: las redes sociales, la publicidad o el marketing de influencers no son estrategias. Son herramientas.

La estrategia empieza mucho antes.

Empieza definiendo qué hace diferente a un restaurante, qué lugar quiere ocupar en la cabeza de sus clientes y por qué alguien debería recomendarlo cuando no está delante.

Eso es construir marca. Y una marca bien construida sigue llenando mesas mucho después de que el algoritmo haya dejado de enseñar aquel Reel.